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Chapter 18 |
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El décimotercer capítulo de Juan
nos muestra la cena de
Pascua según fue celebrada por Jesús y sus discípulos la noche
antes de la crucifixión. Durante esta cena uno de los doce
discípulos saldría, para nunca caminar otra vez con ellos.
Judas incluso traicionaría a su Señor pensando que estaba
promoviendo el reino Dios en la tierra. Durante la cena Jesús
les había dicho que él se iría y que no podrían seguirlo. Como
de costumbre, Pedro expresó las preguntas que todos, sin
duda alguna, tenían en su mente: “¿donde vas y porqué no
puedo seguirte?” Entonces sigue un compromiso sincero, “mi
alma pondré por ti.” Juan 13:37. Pedro y los discípulos harían
otros compromisos esa misma noche.
Marcos 14:30,31 lee, “Y le dice Jesús: [Pedro] De cierto
te digo que tú, hoy, en esta noche, antes que el gallo haya
cantado dos veces, me negarás tres veces. Mas él [Pedro]
con mayor porfía decía: Si me fuere menester morir contigo,
no te negaré. También todos decían lo mismo” (itálica
provista).
Jesús sabía que la respuesta de estos hombres era
sincera, pero la carne era débil. Sus propias faltas serían
el arma más eficaz de Satanás para desalentarlos. Para
contrarrestar esta experiencia inevitable Jesús les dio el
hermoso mensaje de Juan 14.
En la conclusión de su mensaje encontramos la simple
expresión: “levantaos, vamos.” Jesús sabía adónde Él iba.
Los discípulos deseaban solamente estar con Él así que le
siguieron. Era de noche y las calles de la ciudad estaban,
128 / Su Manto O El Mío
sin duda alguna, llenas del pueblo porque esta era la época
de la celebración de la Pascua. En estas estaciones las
colinas estaban cubiertas con tiendas, porque no había
suficiente alojamiento en la ciudad para las multitudes que
atendían en estos días festivos.
Jesús y sus discípulos salieron del aposento alto y entraron
a la concurrida calle. Él dirigió el camino hacia un punto
familiar que era muy apreciado por Él —el monte de los
olivos. Éste no era su destino, pero Él se aprovechó de una
próspera vid para dar una lección más a estos hombres a
los que Él tanto amó.
La luna brillaba sobre esta vid cuando Jesús se detuvo y
fijó sus ojos sobre ella. Sin duda alguna cada discípulo
también miró a la vid. Entonces las palabras vinieron clara
y poderosamente, rompiendo la calma de la noche, “Yo soy
la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.” Juan 15:1. Yo
puedo oír a Pedro mientras se volvió a Juan y quizás
preguntó, “¿oíste lo que él dijo? No entiendo, ¡todo el mundo
sabe que Israel es la vid!” Juan pudo haber respondido
diciendo, “no entiendo tampoco, pero vamos a escuchar.
Él puede explicarlo.” Jesús continuó con la lección.
“Todo pámpano que en mí no lleva fruto [mi Padre] le
quitará: y todo aquel que lleva fruto, [mi Padre] le limpiará,
para que lleve más fruto.” Juan 15:2.
Los términos “vid,” “pámpano,” “labrador,” “limpiar,”
etc. eran todos términos familiares, porque los viñedos
eran comunes en esa área. Los discípulos entendían que
la purga se hacía con el cuchillo de la poda. Sin duda, el
mensaje de que una rama que no lleva fruto sería cortada
totalmente, y que si fuera productiva todavía sería cortada
pero no tan severamente, era claro a estos hombres, aun
si no cabía en su esquema de pensamiento. ¡Los judíos
ciertamente no necesitaban tal tratamiento tan severo!
¡Eran Israelitas —hijos de Abraham! Por muchas
generaciones habían estado en la vid hasta que, en sus
mentes, ellos eran la vid en sí misma.
Habita En Mí / 129
Jesús procuró animar a estos hombres diciendo, “Ya
vosotros sois limpios por la palabra que os he hablado.”
Juan 15:3. Estas palabras pueden entenderse mejor a la luz
de otras Escrituras tales como, “La palabra de Cristo habite
en vosotros en abundancia….” Colosenses 3:16. “Por lo
cual, dejando toda inmundicia y superfluidad de malicia,
recibid con mansedumbre la palabra ingerida, la cual puede
hacer salvas vuestras almas. Mas sed hacedores de la
palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros
mismos.” Santiago 1:21,22. Cristo realmente decía, “Estáis
limpios al creer la palabra que les he hablado.”
La carga verdadera en el corazón de Cristo se hace clara en
el verso siguiente: “Estad [habitad] en mí, y yo en vosotros.”
Juan 15:4. Es claro que el Maestro está mirando adelante a su
juicio y crucifixión cuando aun sus discípulos lo abandonarían.
Él les presentó los hechos que no habían considerado hasta
ahora. “…Como el pámpano no puede llevar fruto de sí mismo,
si no estuviere en la vid; así ni vosotros, si no estuviereis en
mí.” Juan 15:4. Sigue siendo cierto hoy; estamos desamparados
a menos que habitemos en él. Aunque las cosas parezcan
imposibles y todo esté fallando, el mensaje es el mismo: “habita
en mí; confía en mí.”
Este mensaje de la vid y de los pámpanos se entiende
mejor cuando se estudia con Romanos 11. Tenemos aquí
un árbol de oliva verde en vez de una vid. Ambos eran
símbolos de Israel y, como tal, eran reverenciados por los
judíos. La aceituna silvestre era un símbolo de los gentiles,
y la buena aceituna era un símbolo de Israel.
El injerto es el proceso por el cual lo silvestre llega a ser
doméstico y, por lo tanto, útil y bueno. El proceso del injerto
enseña el secreto básico de vivir la vida cristiana. Como la
mayoría de las cosas que son de mérito, debemos cavar un
poco para encontrar la verdad.
Cuando Romanos 11:24 habla de un árbol de oliva silvestre
y de un buen árbol de oliva, Pablo está refiriéndose al reino
de Satanás y al reino de Dios. La única manera en que una
130 / Su Manto O El Mío
rama de Satanás y de su reino pueda convertirse en una rama
de Cristo y de su reino es por vía del proceso de injerto.
El labrador (el Padre) va en busca de una rama
(nosotros) que desee llegar a ser parte de su reino. Cristo
dice, “No me elegisteis vosotros á mí, mas yo os elegí á
vosotros; y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto.”
Juan 15:16. Cristo, en su amor indescriptible, llama a todos
los hombres pero solamente algunos responden a ese
llamado rindiéndose a Él.
Antes de que Cristo pueda hacer cualquier cosa para
injertar la rama en sí mismo, él debe preparar el buen árbol
de oliva para recibir la rama silvestre. Pablo dice que esto
es contrario a la naturaleza. Pero, ¿no son la mayoría de los
caminos del hombre contrarios a Cristo? “Porque mis
pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros
caminos mis caminos, dijo Jehová.” Isaías 55:8.
El hombre toma una buena rama y la injerta en un tallo
silvestre o sistema de raíz de tal modo que produce buen
fruto. Dios toma una rama silvestre y la injerta en una raíz
domesticada y produce el mejor fruto posible. El hombre
no puede hacer su trabajo de la manera que Dios hace el
suyo. Todo el plan de la salvación consiste en Dios
trabajando en su propia manera en las vidas de los hombres
y el hombre dándole la libertad para hacerlo.
Si el hombre hace su trabajo de injerto de la manera que
Dios hace el suyo, el único producto es más fruta silvestre.
Esto, en sí mismo, debe enseñarnos que nuestro trabajo se
limita a rendirnos y confiar en el Maestro de obra. “Si
quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra.” Isaías
1:19. La voluntad es nuestra; la obediencia, Él la logra en
cada alma que confía.
Dios preparó el buen Árbol de Oliva para recibir las ramas
silvestres en el Calvario. Pero decimos, “¿qué tal de aquellos
desde Adán al Calvario?” Recuerde, Cristo es “…el cual
fue muerto desde el principio del mundo.” Apocalipsis 13:8.
Habita En Mí / 131
Cada rama silvestre desde Adán hasta que Jesús regrese se
debe injertar en el Calvario.
“La luz que resplandece de la cruz revela el amor
de Dios. Su amor nos atrae a él. Si no resistimos
esta atracción, seremos conducidos al pie de la cruz
arrepentidos por los pecados que crucificaron al Salvador.
Entonces el Espíritu de Dios produce por
medio de la fe una nueva vida en el alma. Los
pensamientos y los deseos se sujetan en obediencia
a la voluntad de Cristo. El corazón y la mente son
creados de nuevo a la imagen de Aquel que obra en
nosotros para someter todas las cosas a sí.” 1
Ahora que hemos sido atraídos al Calvario, veamos cómo
el Labrador hace su injerto. Como el horticulturista, el
Labrador
toma el cuchillo de podar y corta la rama,
separándola totalmente de su fuente de vida anterior. Este
trabajo inicial es severo y debe ser hecho por el Labrador.
Nuestra parte es simplemente desear y estar dispuestos a
dejar que Él haga el trabajo. Debemos tener cuidado de no
quejarnos en cuanto a cómo Él trabaja.
El buen Árbol de Oliva debe ser herido para recibir la
rama que se le injertará. Esa herida fue infligida en el
Calvario. Ahora se le debe dar forma a la rama para ajustarla
a la herida del Calvario. “...Todo aquel que me confiesa
participando de mi sacrificio por los perdidos, será
confesado como participante en la gloria y en el gozo de
los redimidos.” 2
Pablo dijo, “con Cristo estoy juntamente crucificado….”
Gálatas 2:20 y, otra vez, “Porque los que son de Cristo, han
crucificado la carne [la vieja naturaleza] con los afectos y
concupiscencias.” Gálatas 5:24. Cuando la rama se corta
de su fuente de vida anterior, se separa de su vieja naturaleza.
Pero el Labrador no la deja morir. Él pone la rama
cuidadosamente en el buen Árbol de Oliva herido. Entonces
132 / Su Manto O El Mío
él cubre el empalme con la cera de injerto (Su manto de
justicia). El propósito de la cera de injerto es de proteger
contra cualquier infección o enfermedad que obstaculice
el proceso de crecimiento.
“Cristo vivía rodeado de la presencia del Padre,
y nada le aconteció que no fuese permitido por el
Amor infinito para bien del mundo. Esto era su
fuente de consuelo, y lo es también para nosotros.
El que está lleno del Espíritu de Cristo mora en
Cristo. El golpe que se le dirige a él, cae sobre el
Salvador, que lo rodea con su presencia. Todo cuanto
le suceda viene de Cristo. No tiene que resistir el
mal, porque Cristo es su defensor. Nada puede
tocarlo sin el permiso de nuestro Señor; y ‘todas las
cosas’ cuya ocurrencia es permitida ‘a los que aman
a Dios. les ayudan a bien’. Romanos 8:28.” 3
El Labrador todavía no ha acabado. Él entonces toma la
cinta de injerto y la envuelve alrededor de la rama y del
tallo del árbol. Una capa tras otra es aplicada hasta que los
vientos y las tormentas de la vida no pueden aflojar la rama
que se ha injertado. La rama debe hacerse uno con el Árbol
de Oliva (o la Vid).
“La unión del sarmiento con la vid, dijo,
representa la relación que habéis de sostener
conmigo. El pámpano está injertado en la vid
viviente, y fibra tras fibra, vena tras vena, va
creciendo en el tronco. La vida de la vid llega a ser
la vida del pámpano.” 4
Ni siquiera entonces el Labrador ha terminado con la
rama, porque su propósito para la rama es que produzca
fruto. “…El fruto del Espíritu es: caridad, gozo, paz,
tolerancia, benignidad, bondad, fe, Mansedumbre,
Habita En Mí / 133
templanza....” Gálatas 5:22,23. Esto nos trae de regreso al
vestido de boda otra vez, el manto de la justicia de Cristo el
cual es su carácter, el manto que todos debemos vestir para
estar listos para el regreso del Señor.
En orden de que este fruto aparezca, tendrá que haber
una poda. Este trabajo también lo hace el Labrador. Hay a
menudo un crecimiento excesivo que debe ser cortado para
desarrollar fuerza en la rama. El follaje excesivo da la
impresión incorrecta e impide a menudo que el fruto se
desarrolle apropiadamente.
Lo que el Labrador se afana en buscar es la característica
mortal común a casi todas las ramas —la tendencia a colgar.
El problema es que cuando la rama se inclina y toca la tierra,
produce raicillas y después intenta tomar su alimento de
dos fuentes. Pero Cristo dice, “ninguno puede servir a dos
señores.” Mateo 6:24.
El cuchillo de poda debe ser utilizado para cortar estas
raicillas de modo que la rama obtenga su vida solamente
de una fuente. Con cuidado tierno el Labrador levanta la
rama que se inclina y la sujeta al Enrejado donde puede
respirar el aire fresco y bañarse en la luz del sol del amor
de Dios. Cada tendencia heredada y cultivada al mal se
corta en este proceso de poda llamado santificación. Éste
es el trabajo del Labrador. La rama debe habitar y dejar que
el Labrador haga su trabajo como Él sabe qué es mejor para
cada uno de nosotros.
Solamente habitando podemos caminar en la perfección,
porque esa perfección es la suya, no la nuestra. ¡Cuánto
debemos apreciar que Él nos permite estar cubiertos con su
manto de justicia!
Notas:
1 El Deseado de Todas las Gentes p. 147,148.
2 El Deseado de Todas las Gentes p. 324.
3 El Discurso Maestro de Jesucristo p. 62,63.
4 El Deseado de Todas las Gentes p. 629. |
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