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Chapter 12 |
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A este punto en el proceso
de subir—la santificación—
es esencial recordar que
esto se logra totalmente por
fe. Es
solamente cuando hacemos
nuestra parte —reconociendo
las obstrucciones y los
factores que obstaculizan,
después
realizando que no podemos
quitarlos nosotros mismos —
que ejercitamos el poder de
la voluntad y elegimos estar
libres de estos estorbos.
Solamente entonces Dios
puede
hacer su trabajo en nosotros.
Él nunca forzará la voluntad
pero espera que la
utilicemos para permitir que
él los quite.
Acabamos de descubrir que si
este trabajo se va a hacer
del
todo, Él tendrá que hacerlo.
Recuerde, no tenemos “la
sabiduría o la fuerza para
vencer” el mal. 1 Esto se
debe
tener claramente presente
mientras tomamos cada paso.
Pedro dice, “… al dominio
propio paciencia.” 2 Pedro
1:6. “El fruto más precioso
de la santificación es la
gracia
de la mansedumbre.” 2 Una
mirada rápida en el
Diccionario
Colegial de Webster
convencerá a cualquier
persona de la
relación cercana entre la
paciencia y la mansedumbre.
Sin duda, Dios pudo
desarrollar este rasgo de su
carácter en Moisés más
perfectamente que en
cualquier
otro ser humano. Sin
embargo, una sola falta en
él, aunque
fue perdonado, previno a
Dios de poder llevar a cabo
sus
planes para la vida de
Moisés aquí en esta tierra.
Vemos
aquí una mezcla perfecta de
la justicia y de la
misericordia
de Dios. “La santificación
genuina… es nada menos
que el morir diariamente al
yo y la conformidad diaria a
la voluntad de Dios.” 3
Paciencia– La Obra Perfecta
de Dios / 97
Este principio de la
santificación golpea directo
a la
misma raíz de nuestro
problema en este escalón de
la
paciencia, porque el mayor
estorbo es el orgullo. Hemos
oído hablar del impetuoso
Pedro —el hombre que siempre
habló y actuó antes de
pensar.
“Hoy día el mal que provocó
la caída de Pedro y
que apartó al fariseo de la
comunión con Dios, está
ocasionando la ruina de
millares. No hay nada que
ofenda tanto a Dios, o que
sea tan peligroso para el
alma humana, como el orgullo
y la suficiencia
propia. De todos los pecados
es el más desesperado,
el más incurable.” 4
El orgullo y la
autosuficiencia trabajan en
la mente
humana en forma contraria a
la humildad y la
autorendición.
Esta es la razón por la cual
cuando intentamos
controlarnos y fallamos,
intentamos más tenazmente la
próxima vez. Todo el
esfuerzo humano hecho para
ser
paciente nunca podrá
producir el fruto de la
paciencia. Una
motivación suficientemente
fuerte puede producir una
apariencia de paciencia —los
vendedores hacen esto a
menudo. Los clientes pueden
ser engañados totalmente,
porque nuestro
comportamiento en público es
a menudo
muy diferente de como nos
portamos en el hogar.
Nuestro problema parece ser
que el orgullo toma el
camino de la conveniencia.
Puede aparecer ser humilde,
educable, tranquilo, e
incluso paciente.
“Algunos de nosotros tenemos
un temperamento
nervioso, y son naturalmente
tan rápidos como un
relámpago para pensar y
actuar; pero que ninguno
piense que él no puede
aprender a hacerse paciente.
La paciencia es una planta
que crecerá rápido si se
cultiva cuidadosamente.” 5
98 / Su Manto O El Mío
El cultivo es un proceso que
remueve cualquier cosa que
obstaculice el crecimiento
de la planta deseada. El
proceso
de la remoción no es el
problema con la mayoría de
nosotros.
Es el fracaso en estar
dispuesto a admitir qué
necesita ser
quitado del carácter, y de
estar dispuesto a entregarlo
al
Señor para que él lo quite.
Si la paciencia ha de tener
un
crecimiento rápido, debemos
haber un auto examen sincero
y tener la voluntad para
enfrentar la verdad. “En el
punto
en que Pedro se creía
fuerte, era donde era débil;
y hasta
que pudo discernir su
debilidad no pudo darse
cuenta de
cuánto necesitaba depender
de Cristo.” 6
La paciencia puede tomar
otro manto que debemos
examinar.
“Son muchos los que, cuando
se les reprende, se
creen dignos de alabanza si
reciben el reproche sin
impacientarse; pero ¡cuán
pocos aceptan la reprensión
con gratitud de corazón, y
bendicen a los que tratan
de evitarles que sigan un
sendero malo!” 7
Obviamente, la paciencia
afecta áreas en que hemos
pensado muy poco. Requiere
más que refrenarse de la
venganza. La paciencia
intenta mirar a cada
situación o
persona en la mejor luz
posible.
Lee Hebreos 11 y visualiza
la nube de testigos desde
Abel
a Samuel y continúa con un
ejército de hombres y de
mujeres
no nombrados que, a través
de Cristo, vencieron a
Satanás y
a sus huestes de ángeles
malvados. Entonces mira al
cuadro
de ti mismo en el capítulo
12 mientras Pablo dice,
“…dejando
todo el peso” —lo cual es
cada obstáculo. Remueve cada
mala hierba y rompe la
tierra dura. Él entonces
habla “...del
pecado que nos rodea.”
Hebreos 12:1. Aquí tenemos
los viejos
hábitos de la vieja
naturaleza que todavía están
con nosotros
y que Satanás utiliza tan a
menudo.
Paciencia– La Obra Perfecta
de Dios / 99
“El egoísmo y el orgullo
resistirán todo lo que
revelaría su pecaminosidad.
No podemos, por
nosotros mismos, vencer los
deseos y hábitos malos
que luchan por el dominio.
No podemos vencer al
enemigo poderoso que nos
retiene cautivos.
Únicamente Dios puede darnos
la victoria. El desea
que disfrutemos del dominio
sobre nosotros mismos,
sobre nuestra propia
voluntad y costumbres. Pero
no puede obrar en nosotros
sin nuestro
consentimiento y
cooperación.” 8
Haciendo todo esto, entonces
podemos correr “...con
paciencia la carrera que nos
es propuesta, puestos los
ojos en
el autor y consumador de la
fe, en Jesús…” Hebreos
12:1,2.
Santiago era uno de los
hijos del trueno. Con Juan,
su
hermano, él habría llamado
fuego del cielo para
destruir a
los que no aceptaron
inmediatamente a Jesús y a
los
discípulos en su ciudad.
Jesús, sin embargo, pudo
cambiar
todo esto de modo que
Santiago supiera del trabajo
perfecto
de la paciencia y nos dejó
este consejo, “...tenga la
paciencia perfecta su obra,
para que seáis perfectos y
cabales, sin faltar en
alguna cosa.” Santiago 1:4.
Notas:
1 Hechos de los Apóstoles p.
424.
2 Mi vida hoy p. 253
[Inglés].
3 Mi vida hoy p. 248
Inglés].
4 Palabras de Vida del Gran
Maestro p. 119.
5 Mi vida hoy p. 97
[Inglés].
6 El Deseado de Todas las
Gentes p. 382.
7 Patriarcas y Profetas p.
725.
8 El Discurso Maestro de
Jesucristo p. 120. |
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